El 8 de mayo, Benedicto XVI al recibir a los obispos de la Conferencia Episcopal de Bélgica en visita "ad Limina Apostolorum", les dirigió un discurso. En él, ponía de nuevo a San Damián como modelo para los belgas:
“Un acontecimiento significativo para hoy y para mañana fue la canonización del padre Damián De Veuster. Este nuevo santo habla a la conciencia de los belgas. ¿Acaso no ha sido designado como el hijo más ilustre de todos los tiempos de la nación? Su grandeza, vivida en el don total de sí mismo a sus hermanos leprosos hasta el punto de quedar contagiado y morir, está en su riqueza interior, en su oración constante, en su unión con Cristo, a quien veía en sus hermanos y que, como Él, se entregaba sin reservas. En este Año Sacerdotal, es necesario proponer su ejemplo sacerdotal y misionero, en particular a los sacerdotes y religiosos. La disminución del número de sacerdotes no debe ser percibida como un proceso inevitable. El Concilio Vaticano II afirma con fuerza que la Iglesia no puede prescindir del ministerio de los sacerdotes. Por tanto es necesario y urgente darles su lugar adecuado y reconocer el carácter sacramental irremplazable. De ahí se deriva la necesidad de una amplia y seria pastoral de las vocaciones, basada en el carácter ejemplar de la santidad de los sacerdotes, en la atención a los gérmenes de vocación presentes en muchos jóvenes y en la oración asidua y confiada, según la recomendación de Jesús (cf. Mateo 9, 37)”.